El bicampeón de la categoría de camiones hace balance de su primera semana en el Dakar Classic con el nuevo Zorro Rosa.
– ¿Cuál es la motivación para volver al Dakar?
El Dakar es una carrera única en el mundo, la verdad que no hay nada que se le parezca. Tengo la suerte de haber participado en el Camel Trophy; de haber hecho con Miquel de la Quadra-Salcedo –al que considero un gran maestro– una travesía de un mes por el Amazonas, que fue el embrión de su famosa Ruta Quetzal; y ahora, por último, el Dakar. Desde el 79, cuando se celebró la primera edición del famoso París-Dakar, que atravesaba todo el desierto del Teneré, Argelia, Mali, Mauritania, Senegal… Ya me llamó la atención y me pareció una aventura maravillosa. Siempre estuve siguiendo esta carrera, hasta que por fin pude participar en ella. No hay nada más fascinante para mí que abandonarlo todo y estar 15 días aquí, compitiendo principalmente contra mí mismo. El Dakar lo que hace es consumirte, mental y físicamente. Te das cuenta en este tipo de carreras de que los límites suelen ser mentales, los que tú mismo te has creado. Una experiencia como esta te enseña a no rendirte nunca, a saber que siempre se puede ir un paso más allá. De hecho, cuando vuelvo a casa después del Dakar, relativizo mucho todo lo que veo a mi alrededor. La motivación es siempre la misma; y ahora que estoy aquí, llevo una semana y he pasado lo que he pasado, sigo teniendo claro que merece la pena venir, disfrutar y sufrir.
– ¿Qué diferencia a Dakar por la Vida del resto de equipos?
Hemos unido deporte y responsabilidad social, y eso nos hace únicos. Tengo que decir que el proyecto nació de forma totalmente espontánea, por las ganas de visibilizar una enfermedad, como es el cáncer de mama en hombres, que era una gran desconocida. Nunca pensé que Dakar por la Vida fuese a alcanzar la dimensión que ahora tiene, ni que seríamos capaces de superar cualquier expectativa que hubiéramos podido ponernos. Esto es brutal… Deporte y responsabilidad social van de la mano; y lo que es más importante: día a día me doy cuenta de que la gente que sigue el deporte del motor no sólo aplaude estas iniciativas, sino que pide que, además de competir, nos impliquemos en la sociedad, cada uno como pueda.
– ¿Cómo se ha recibido en el Dakar al Zorro Rosa?
Todo el mundo me pregunta dónde está el camión, qué pasó con el camión… Se quedan un poco en shock, daban por hecho que el Elefante Rosa, que llamaba mucho la atención y se convirtió en todo un icono, iba a estar este año también. Además, teníamos una bocina con 17 melodías, que era una fiesta fuésemos donde fuésemos… Sí que ha habido mucha curiosidad por saber el motivo del cambio de montura. Es lo que digo siempre: mismo proyecto, distinto reto. Y ya está, no hay que darle más vueltas.
– ¿En qué cambia la experiencia de competir con camión a hacerlo con coche?
En cuanto al pilotaje, son totalmente diferentes. El Elefante, el camión, es como un toro bravo de 1.000 kilos de pura musculatura, que sólo está pensando en descabalgarte. Y el Zorro, el Toyota, es más ratonero, rabioso y divertido. Permite improvisar mucho, hacer cambios de trazada, frenar tarde, corregir si has entrado un poco pasado… Todo eso con el camión era imposible, era otra liga. Lo estoy pasando muy bien con el Zorro, disfruto mucho pilotándolo.

El Toyota HDJ 80 pilotado por Rafael Lesmes y Tabatha Romon ha archivado hoy su mejor resultado parcial hasta el momento, clasificándose en una destacada 11ª posición entre los participantes de la categoría más prolífica, la H2.
Un nuevo hito por parte del piloto de Valsequillo, establecido justo antes de la jornada de descanso, que sitúa ya al Zorro Rosa en el Top 15 de la clasificación general, desde el que abordará el próximo domingo la exigente etapa Riyadh-Wadi Ad-Dawasir.